domingo, 23 de febrero de 2014

Mundo Loco II: Yo vi a Hitler en Bariloche.

Duro el título, ¿no? Sobre todo teniendo en cuenta que las teorías conspirativas están a la orden del día, y la reciente viralización que se hizo sobre que uno de los supuestos apellidos que usó el asesino nazi en su ocultamiento patagónico es Kirchner.

Me gustan las teorías conspirativas en tanto tengamos en cuenta que son solo eso, teorías. Es divertido doblar el billete de 100 dolares y ver como explotan las torres gemelas. Pero de ahí a tomarlas como verdad científica hay un largo trecho.

Pero vamos a los hechos (mientras que el suplemento Turismo de Clarín no publique alguna de mis anédotas, seguirán sufriéndolas por aquí).

Era enero de 1993. Terminada la gestión en la FUBA, con mi amigo Marcelo decidimos hacer un viaje de Turismo aventura por una empresa que se llamaba By Club, que proveía servicios a la Federación. Lo de Turismo aventura era solo en los hechos, ya que parábamos en un hotel a todo culo en el centro de Bariloche. Entre las peligrosas excurciones propuestas, una era bien culinaria. Salida temprano del hotel, parada en una granja de frutas finas y final en El Bolsón.

Arrancamos muuuy temprano, comiendo tortas fritas en un chiringundín de la ruta. Aún hoy me acuerdo que estaban buenísimas. Cerca del mediodía, llegamos a la granja de frutas finas. Ahí nos explicaron como se cosechaban las frutillas, cerezas, guindas, fresas, moras y todo lo que se les ocurra. Bien hippie todo. Lo mejor vino después. Un par de corderitos nos esperaban asandose y regados en salmuera. La previa, una gigantesca bandeja de achuras.

Creo que nunca comí tanto en mi vida. Todo el resto de los excursionistas miraban como Marcelo y yo nos acercábamos cada diez minutos a los pobres animales para marcar que parte ibamos a seguir comiendo. Creo que nos bajamos un cordero los dos solos. Al final, el parrillero quizo conocernos, habíamos sido sus mejores comenzales.

Y ahí estaba, petiso, no más de 1.50 de altura, unos noventa años y un bigotito que no podía confundir a nadie. Si no era Chaplin, era Hitler. Claro, la edad, por suerte, no dá. Hitler hubiese cumplido 104 años (como Majiclic) en 1993. Pero el parecido del paisano era atróz. Claro que hay fotos (pero vamos a proteger la identidad del susodicho, además están guardadas y me da fiaca buscarlas).

El camino siguió, llegamos al Bolsón y no encontramos ya hippies, creo que se habían ido aburgesando desde un par de décadas antes.

viernes, 21 de febrero de 2014

A proposito de "La Tortilla" y los dialogos con pajaritos.

Creo que el bando republicano nunca tuvo posibilidades de ganar la Guerra Civil Española. Un conflicto que durante la década del treinta se planteó en terminos de uno de los mayores desastres europeos, preludio de la Segunda Guerra Mundial.

Sobre todo teniendo en cuenta no solo las divisiones existentes entre los distintos partidos políticos (PS, PC, POUM, Anarquistas, Republicanos, etc.) con una agenda propia por cada facción, que iba desde la revolución lisa y llana hasta la más moderada instalación de una república liberal o la instalación, en algunas comunas, de una única, verdadera y fracasada experiencia anarquista.

Del otro lado, un ejercito profesional, entrenado en las colonias africanas y con liderazgos probados y fuertes que, tempranamente y por accidentes o acciones del propio conflicto, se unificó alrededor del futuro dictador Francisco Franco. La inteligencia de este fue justamente apostar aun conflicto prolongado, que le permitió llevar una partida de billar a dos puntas: por un lado, ir eliminando cualquier foco de resistencia republicana, dejando para el final (como en el TEG) la ficha más importante (Madrid) y a la vez, sacarse de encima cualquier foco de competencia en su propio bando, eliminando incluso a los partidarios de la otrora poderosa falange.

Los conflictos intrarepublicanos se moderaron, casualmente, con la intervención exgranjera, la llegada de los "asesores" de la ascendente URSS. A partir de ello, el sector republicano y los más izquierdistas del POUM vieron sellados su suerte (y reprimidos con mas ferocidad, en algunos casos, que la que infligieran las tropas de derecha). Y con ello el conflicto asumió otras dimensiones internacionalistas, ya que también el ascendente nazismo alemán tuvo algo que decir.


No se si son ciertas, probablemente no, las imágenes de la oposición venezolana mostrando el desembarco de soldados cubanos en Venezuela. De serlo, no solo serían una escalada inédita en un país que demostró, durante el siglo XX ser una democracia viable (hasta la irrupción de Chávez, con su intento de golpe de estado en 1992), sino tambiá la asombrosa confirmación de la tal vez más lúcida frase marxista: la de la tragedia y la comedia. Una bananización más a la que nos tienen acostumbrado nuestros líderes políticos de estas dos décadas del tercer milenio.

martes, 18 de febrero de 2014

¿Cómo convertirse en un autor de libros de autoayuda?



(Este post fue columna en Radio UBA, en 2012).

Esta columna es distinta, es un decálogo para futuros autores. Hoy queremos brindar un servicio a todos aquellos que quieran dedicarse al mundo de la literatura en un género exitoso: Los libros de autoayuda.

Hay libros de autoayuda para todos los gustos, para personas que están pasando por momentos negativos y para personas claramente positivas, incluso para aquellos que siempre son positivos….., si, esos que nunca nos bancamos. También hay libros de este estilo para gerentes…., bueno, casi todos los libros que intentan reflejar como ser exitoso en una empresa (o hacerse rico en cinco minutos) son en definitiva lo que llamaremos libros de autoayuda para gerentes.

Pero no nos vayamos por las ramas. Vamos a este decálogo, o en realidad este ayuda memoria para hacer mejor su vida.

  1. Lo ideal es que ud. haya pasado por una situación límite, una enfermedad incurable que se curó milagrosamente. O una no tan incurable pero a la que le dio batalla. Mejor aún es haber sobrevivido a una tragedia (no vale usar el avión que se cayó o quedar enterrado en una mina (eso ya lo usaron, exitosamente….).
  2. Hable con palabras sencillas, muuuuy sencillas. La idea no es convertirse en el próximo Nobel de literatura, sinó hacer mucha plata con los derechos de autor.
  3. Plagie….., otros ya lo hicieron y nadie les reprochó nada. Con ello puede llegar a completar un par de capítulos de su libro.
  4. Junte un par de fábulas populares, una vez que las tenga, adelante, hagales un giro literario, simule profundidad en lo que cuenta, diga que son historias reales y con eso ya cubrió otro par de capítulos del libro.
  5. Cuente un par de historias personales. Sobre todo alguna que tenga que ver con la perdida en un desierto (vale algún medano de Pinamar o Villa Gesell), o el ascenso a una montaña. Ahora que lo pensamos bien, el ascenso a la montaña es ideal. En seguida, si su lector es una persona religiosa, lo va a asociar al camino de Jesús en el desierto, o a Moises buscando las tablas sagradas o a Mahoma camino a la Meca. Si el lector no es creyente, simplemente lo asociará al sacrificio de caminar y caminar y caminar, o ascender, ascender y ascender.
  6. Ayuda, y mucho, agregar un par de dibujos. Pero ojo, el secreto es que sean dibujos sencillos, de trazo fino, ambiguos a la vez, y por sobre todas las cosas, que se puedan autoadjudicar al autor del libro.
  7. En todo momento refleje optimismo, incluso cuando esté contando sobre el momento en que se encontró atrapado en el fondo del mar (ya que no podemos usar el avión o la mina, usemos el barco que se hundió, al estilo Poseidón), en una bolsa de aire que se formó en la tercera cubierta del Crucero, durante días comiendo peces crudos por ud. pescados con la mano (nadie va a saber que en realidad justo estaba en la cocina del barco y sobrevivió gracias a que había comida en la heladera). Hasta en ese momento, poco antes que lo rescataran los buzos, Ud. fue optimista. Eso es lo importante, reflejar el optimismo.
  8. También es bueno si en el medio de su historia ud. encuentra sin querer, y de improviso, el amor. El amor genuino, puro, asexuado. Con ese tema ya tenemos otro capítulo dentro. No olvide dedicar el libre a ese o esa persona que le permitirá redimirse en el ámbito amoroso.
  9. Cuente alguna historia que tenga que ver con abrir multiples puertas que se le presentan ante ud. Describa la secuencia como si estuviese en un gran salón y lo rodean decenas de puertas y tiene que elegir una, esa que lo llevará por la senda de la felicidad. Sea lo suficientemente metafórico en ese sentido, ya que según la puerta que abra, su lector se sentirá reflejado en la lectura. Esa es la clave, que el lector se identifique con lo que lee.
  10. Termine el libro con alguna frase lo suficientemente ambigua como para que todos se sientan reflejados en la misma, que todos digan esto es lo que me pasó a mi. Pero a la vez, siembre interrogantes, no se olvide que los mismos son el disparador para el próximo libro de autoayuda que escribirá.

jueves, 23 de enero de 2014

Con La Tablada no tengo nada que ver



No recuerdo muy bien que estaba haciendo esa mañana. Al fin de cuentas, pasaron exactamente 25 años. Lo que se recuerdo es que, paradójicamente, me generó más angustia que las asonadas militares de Rico y Seineldín (y eso que tuvimos una muy grosa en diciembre del 88, con orden de agarrar el pasaporte por las dudas y posteriores y fuertes pases de factura en la agrupación porque no todos habían estado en el Congreso).

Si fuese psicoanalista o me hubiese analizado alguna vez, trataría de dar una respuesta a esa angustia. Pero siempre me plantee, en ese sentido, una respuesta sencilla. O más bien, una pregunta, ¿qué corno hace que pibes de mi misma edad piensen que pueden hacer frente a hombres entrenados y asignados para ejercer el monopolio violento legitimado por el Estado? Pongamos que estamos en una tiranía o gobierno autoritario. Tal vez hasta esté justificado el sacrificio individual y colectivo. Pero ese día transitábamos un gobierno legítimamente democrático. Es más, el intento democrático anterior (1973-1976) y este iniciado en 1983 se podían igualar en un solo aspecto, ambos fueron experiencias únicas (hasta ese momento) sin proscripciones.

Pero allá fueron 80 tarados a “impedir” (argumento falaz y capsioso) que los carapintadas tomaran el poder. En realidad, a buscar tomar el poder, alimentados por los argumentos desquiciados de un tipo nefasto: Gorriarán Merlo (cabe aclarar que su propia orga militarizada lo había degradado oportunamente por inútil). Y estos fueron al muere. Incluso uno de los imbéciles llevó a su hijo menor. Y entraron al cuartel. Donde lo primero que encontraron fueron colimbas haciendo la guardia (no se, tal vez eran tan ingenuos que pensaron que un general iba a estar haciendo guardia). Los subnormales estos pensaron que la entelequia “pueblo” iba a acompañarlos. Graciosamente atroz, el Pepe pensaba lo mismo en el 83, que volvía, en Ezeiza lo esperaban las masas que lo llevarían en andas hasta la Casa Rosada para cogobernar con Alfonsín.

Si fue una operación de inteligencia o les habían puesto una trampa, no lo se ni se sabrá nunca. No me toca ese análisis. Si lo fue, se supone que entre estos nuevos imberbes había tipos políticamente experimentados (se supone, hoy creo que todos estarían hablando huevadas en el panel de 678).

La historia es conocida, los milicos defendieron el cuartel, mataron unos cuantos y habrían chupado un par. Gorriaran huyó, con el apoyo de los pocos compas que “comprendieron que todo estaba perdido pero había que salvar la conducción” y apareció años después. Los sobrevivientes fueron presos y algunos terminaron su condena en España (en uso de tratados de extradición por doble ciudadanía), en algún momento de los noventa agarraron de las pestañas a Gorriarán que también, esta vez, fue preso. Algunos políticos aprovecharon que un par de los caídos tenían lazos familiares con dirigentes radicales para meter a la Franja y a la Coordinadora en la volteada. Incluso un ex presidente democrático cometió una de las últimas infamias de su vida, con esta acusación. Y más de uno quemó agendas donde podía haber un teléfono o nombre comprometedor (yo lo hice borrando el de un mediocre profesor de FSOC, el primero en abrirse de gambas y mirar para otro lado).

Años después, en un exitoso programa de TV, un activista increpó a un De La Rua incomodo sobre “la huelga de hambre que estaban haciendo los pibes y que se estaban muriendo (supongo que de hambre)”. El mareado ex presidente no supo que hacer. Y terminó salvado por el Oso Arturo (El de Tinelli, no el del Zoo de Mendoza). Tal vez, tal vez, la historia hubiese sido otra si Chupete hubiese respondido: “Que se jodan, por haber atentado contra la democracia”. A veces, eso cuanta como un gesto de autoridad que De La Rúa estaba perdiendo.

sábado, 11 de enero de 2014

Los setenta fueron una mierda.



Vamos a decirlo directo desde el principio: los años setenta fueron una mierda. No hay nada que reivindicar. Ni la política ni la economía. En el plano económico, arrancamos con el final de las políticas corporativas y desarrollistas llevadas adelante por Onganía, para pasar a experimentar con un populismo a la argentina de Gelbard, un ajuste feroz de Rodrigo, el liberalismo a ultranza de Martínez de Hoz, populismo a la Viola y de nuevo ajuste a lo Alemann. Todo eso en la friolera de tan solo diez u once años. Al menos, desde el retorno a la democracia los planes económicos, empezando por el Austral, duran un par de años más. Incluso el “modelo” actual.

Pero lo que me interesa es detenerme un instante en la cuestión política. Al final de La Voluntad, uno de los protagonistas (actualmente funcionario público) dice algo así como “no entendíamos la democracia como modo de resolver problemas”. A confesión de parte…, es decir, les interesaba poco o nada la democracia. Creían en esa entente indefinida denominada “revolución”. Pasan los años y me pregunto, que es la “revolución”. Nadie lo sabe explicar. Es la revolución del año 1910 en México, que derivó en setenta años de gobiernos priistas? O es la revolución rusa, que mantuvo toda la burocracia zarista y los mandos militares y diplomáticos, casi un golpe de estado al uso moderno. Tal vez sea la revolución cubana, donde cincuenta años después sigue gobernando la familia Castro, casi una monarquía revolucionaria (ya que estamos, podrían aclararme en este ejemplo cual es la diferencia con la revolución que llevó adelante en España Francisco Franco?).

Hace un par de años, con motivo de la toma de una facultad nacional, off the record un periodista comentó “nosotros matábamos gente, no se quejen de los chicos”. Frase esta dirigida a funcionarios de la facultad protagonistas de los setenta y que no podían (o no sabían) resolver el conflicto. Suena irónico, pero era así. Ellos mataban gente. De un lado y del otro. Algo totalmente asumido y naturalizado.

Ahora bien, esta locura atravesó todos los ámbitos sociales. Escritores que donaban sus derechos de autor a las orgas revolucionarias. Poetas que grababan manifiestos revolucionarios en discos clandestinos. Cantantes que escribían canciones revolucionarias o escondían el producto de los secuestros en los primeros paraísos fiscales.

Visto a la distancia, cuarenta años después, una lectura objetiva no nos debería dar más que un balance negativo de esos años. Pero no. No es lo que sucede. Y en esto no creo que sea (única) responsabilidad de las actuales políticas reivindicativas (en términos académicos “de la memoria”) por parte del gobierno. Creo que el problema es más profundo aún.

Existe, sobre todo en la progresía cultural, un complejo de culpa sobre los ochenta. Es decir, sobre el triunfo de Alfonsín. La mayor parte de estos sectores parten de una base que podría ser: “que bueno que ganó Alfonsín, pero que lastima que perdió el peronismo”. Es algo que se viene observando desde, al menos, el año 1985, cuando estos sectores culturales empiezan a alejarse del primigenio alfonsinismo, para dar el salto final después del nunca reivindicado (por el partido radical, sobre todo) “felices pascuas” de Alfonsín cuando resuelve el intento de asonada militar de Aldo Rico (un dato interesante, el propio Aldo Rico termina hablando bien de Alfonsín en la biografía recientemente editada del líder radical).

Es decir, esta progresía cultural, en su afán de despegarse de la teoría de los dos demonios, termina recreando una nueva dicotomía: de un lado el terrorismo de Estado, del otro la tibieza radical, y en el medio los sectores “populares” y sus líderes que solo buscan la felicidad del pueblo.

Lo interesante de todo esto es que sectores que viven criticando la obediencia debida, el punto final y los “30 muertos” de De la Rúa, jamás han hecho una autocrítica de su propia responsabilidad durante esos años. No pretendo que personajes nefastos como Firmenich o Perdía lo hagan. Me refiero a aquellos que desde un lugar de superficie dieron un guiño a esquemas mesiánicos y militarizados.

Esta falta de autocrítica por dichos sectores, sumada a la desangelización que se hace desde la actualidad de los protagonistas de dicha etapa (los chicos solo pedían un boleto estudiantil, los compañeros de Trelew enfrentaban una requisa, Walsh era un buen escritor y el mejor periodista, etc.) que daría vergüenza a los propios actores de esa época, hace que nos encontremos en la situación actual, donde un pibe cuyo único acto militante (valido, por cierto) es tomar un colegio, cree que es la viva reencarnación del Che Guevara.

Es momento de empezar a poner los hechos en su lugar, aunque no es siquiera novedoso. La obra canónica sobre la época (de nuevo, La Voluntad) ya lo planteaba descarnadamente.

En general, cuando hablo con militantes políticos de la etapa que no participaron de alguna organización guerrillera (como el ERP o Montoneros) coinciden en una categorización sobre los protagonistas y los definen con palabras tales como “mesiánicos” o la menos políticamente correcta frase de “eran unos hijos de puta, militarizados peor que los milicos”.

En fin, que los setenta fueron una mierda. Que es hora (como lo hace Birmajer en Clarín del 11 de enero de 2014) de reivindicar el Felices Pascuas, porque en definitiva era la demostración de que la democracia si servía para resolver problemas (o como más académicamente suele definir un conocido politólogo, las elecciones sirven para rutinizar en el conflicto político).

jueves, 26 de diciembre de 2013

Esto no es peronismo

Esto no es peronismo, decía Evita de la Huelga Ferroviaria.
Esto no es peronismo, decía Perón del levantamiento del General Valle.
Esto no es peronismo, decía Vandor del General.
Esto no es peronismo, decían los Montoneros de López Rega.
Esto no es peronismo, decía López Rega de los montoneros.
Esto no es peronismo, decían los sindicalistas de Isabel.
Esto no es peronismo, decía Imbelloni de Lúder.
Esto no es peronismo, decía Cafiero de Herminio Iglesias.
Esto no es peronismo, decía Herminio Iglesias de Grosso y Manzano.
Esto no es peronismo, decía el grupo de los ocho de Menem.
Esto no es peronismo, decía Menem de Chacho Álvarez.
Esto no es peronismo, decía Néstor de Duhalde.
Esto no es peronismo, decía Duhalde de Cristina Kirchner.

Si nada de eso es el peronismo ¿alguien me puede explicar que es el peronismo?

martes, 17 de diciembre de 2013

La vara

A raíz de algunos comentarios expresados en redes sociales sobre la realidad nacional y mi visión personalísima sobre la misma, más de un contacto se sintió afectado y ofendido, incluso alguno parafraseó con el refrán de la condición del ladrón y otro los tomo como imbecilidades. Mis comentarios giraban en torno a cuestiones políticas de la actualidad.
Me costó mucho entender el porque de dichas reacciones, toda vez que ninguna de mis afirmaciones los afectaba personalmente, sino que eran opiniones sobre el gobierno o sobre el estado actual de la democracia. Como no me analizo, intenté tratar de entender que me hacía pensar de la forma que lo hacía y porque lo planteaba de dicha manera. Por ejemplo, estoy convencido que en treinta años de democracia involucionamos notablemente en términos educativos. Creo que la combinación de el flacsismo y el freirismos (mal entendido, creo que nadie leyó a Freire) es explosivo y nos lleva a convertir a las escuelas en algo muy distinto a lo que eran hace treinta años. El índice Pisa me da la razón. Ahora bien, ¿por qué la mayoría de los que estudiaron conmigo hoy se sienten ofendidos si uno hace una afirmación de esas características? Es un misterio absoluto que no logro desentrañar. Debo estar equivocado yo entonces y aceptar que la institución que nosotros llamábamos escuela ahora es otra cosa y cumple una función distinta.
Pero ayer asistí a una charla donde un ex rector de la Universidad de Buenos Aires sostuvo una frase que viene a reafirmar lo que pienso: La universidad tal como la entendemos hoy en día en nuestro país es un instituto terciario, perdió su condición de universidad. Y en definitiva va en correlato con lo que pasó en otros niveles de la educación. El concepto "escribo como puedo" que se les inculca a los chicos en primer y segundo grado termina haciendo estragos en el resto del esquema educativo.
Pero en esta charla escuche otra afirmación que terminó de reafirmar en palabras lo que a mi me costaba expresar. Hace treinta años podíamos decir con toda convicción: "el peor gobierno democrático siempre va a ser mejor que el mejor (si algo así existiera) gobierno autoritario. Y esta afirmación era cierta en la década del ochenta. Pero treinta años después no nos sirve seguir midiéndonos con esa vara". Es decir, si hay un gobierno malo el solo hecho de haber contado con la bendición de los votos no lo convierte en un gobierno impoluto. A esta altura debemos subir la vara. Una vara que en lugar de subir, bajamos.
Me pregunto en función de esto, ¿hubiésemos tolerado hace treinta años alguna de las denuncias por corrupción que surgieron solo en el último año? por ejemplo, Cafiero pasó toda su vida política aclarando cuestiones sobre un piano que desapareció de la gobernación de Mendoza cuando le tocó ser interventor de dicha provincia (incluso ocupa un capítulo de sus memorias para aclarar al respecto), Isabel Perón fue procesada por comprar con fondos de una fundación ¡150 grs. de jamón!, mas cercano en el tiempo Anibal Reynaldo terminó en el ostracismos por darse un crédito del Banco Hipotecario de unos pocos pesos (crédito para el que estaba formalmente autorizado y cubierto según sus ingresos y además ¡pagó! en su totalidad), y así millones de ejemplos. Hoy tomamos con naturalidad que un vicepresidente sea potencialmente socio en la compra de una imprenta de billetes o un ex presidente y su conyugue (actual presidente) sean sospechados (al menos sospechados) de corrupción.
Y es porque no solo no subimos la vara para medir la institucionalidad sino que la bajamos. Y la bajamos mucho. Y ahí es donde vuelvo sobre el principio. En 1983, ¿soñábamos con esto o soñábamos con otro país? En mi post anterior sostuve que soy un bicho raro en el radicalismo. No soy alfonsinista de la primera hora, sino que soy un post alfonsinista gustoso de reivindicar su gobierno pero no así muchas de sus acciones posteriores. Creo que en el 83 la gente votó a Alfonsín harta del peronismo, pero también lo votó porque ofrecía la oportunidad de un país moderno. Un país distinto, no un país empobrecido. Un ex senador radical pone un ejemplo: Una de las primeras medidas que toma Alfonsín es permitir la captación de señales parabólicas por parte de particulares, una de las primeras medidas de Kirchner es prohibirlas, no sea cosa que sepamos que pasa en el mundo.
En las dos primeras décadas de democracia una vez que se consagraban los candidatos que competirían por la presidencia, salían de viaje para mostrarse al mundo. Un mundo que ya conocían. Para hacer contactos y también (por que no decirlo), para joderle la vida al cristiano que quedaba gobernando acá y sería prontamente reemplazado. Pero en 2003 elegimos a un tipo que nunca había salido de las fronteras del país, y ahí la cagamos. Además, millonario a la vieja usanza, un Tío Rico que acumulaba casas como el Tío del Pato Donald acumulaba dólares, tacañamente. Y ese estilo se trasladó al país y la gestión. Y automáticamente bajó la vara.
No digo que seamos Corea del Norte (aun). Pero en muchas cosas nos estamos pareciendo. Por ejemplo, cuando murió Alfonsín muchos honestamente se sintieron tristes, pero no obligaron a todos a llorarlo, a mas de uno esa muerte le pasó desapercibida, y está bien que así sea. Cada uno lo procesó de la mejor forma. Cuando murió Kirchner no podías no estar triste, no podía pasarte esa muerte desapercibida. En cuestiones económicas los cráneos de la Gran Makro nos quieren convencer que zafamos del safarrancho mundial por estar aislados del mundo, por “vivir con lo nuestro”, salvando las distancias (acá no se fusiló a nadie) la última purga en Corea tiene que ver con los intentos de una facción del PC de abrirse al comercio con China.
Por último, hace tres años cuando Corea fracasó en el mundial de Fútbol, los jugadores fueron obligados a permanecer en un corralito mientras el pueblo pasaba por delante de ellos para insultarlos, no me parecería raro que algo así nos depare nuestro futuro cercano si nos volvemos de nuevo en octavos en Brasil 2014. No estamos muy lejos de eso.