domingo, 23 de febrero de 2014

Mundo Loco II: Yo vi a Hitler en Bariloche.

Duro el título, ¿no? Sobre todo teniendo en cuenta que las teorías conspirativas están a la orden del día, y la reciente viralización que se hizo sobre que uno de los supuestos apellidos que usó el asesino nazi en su ocultamiento patagónico es Kirchner.

Me gustan las teorías conspirativas en tanto tengamos en cuenta que son solo eso, teorías. Es divertido doblar el billete de 100 dolares y ver como explotan las torres gemelas. Pero de ahí a tomarlas como verdad científica hay un largo trecho.

Pero vamos a los hechos (mientras que el suplemento Turismo de Clarín no publique alguna de mis anédotas, seguirán sufriéndolas por aquí).

Era enero de 1993. Terminada la gestión en la FUBA, con mi amigo Marcelo decidimos hacer un viaje de Turismo aventura por una empresa que se llamaba By Club, que proveía servicios a la Federación. Lo de Turismo aventura era solo en los hechos, ya que parábamos en un hotel a todo culo en el centro de Bariloche. Entre las peligrosas excurciones propuestas, una era bien culinaria. Salida temprano del hotel, parada en una granja de frutas finas y final en El Bolsón.

Arrancamos muuuy temprano, comiendo tortas fritas en un chiringundín de la ruta. Aún hoy me acuerdo que estaban buenísimas. Cerca del mediodía, llegamos a la granja de frutas finas. Ahí nos explicaron como se cosechaban las frutillas, cerezas, guindas, fresas, moras y todo lo que se les ocurra. Bien hippie todo. Lo mejor vino después. Un par de corderitos nos esperaban asandose y regados en salmuera. La previa, una gigantesca bandeja de achuras.

Creo que nunca comí tanto en mi vida. Todo el resto de los excursionistas miraban como Marcelo y yo nos acercábamos cada diez minutos a los pobres animales para marcar que parte ibamos a seguir comiendo. Creo que nos bajamos un cordero los dos solos. Al final, el parrillero quizo conocernos, habíamos sido sus mejores comenzales.

Y ahí estaba, petiso, no más de 1.50 de altura, unos noventa años y un bigotito que no podía confundir a nadie. Si no era Chaplin, era Hitler. Claro, la edad, por suerte, no dá. Hitler hubiese cumplido 104 años (como Majiclic) en 1993. Pero el parecido del paisano era atróz. Claro que hay fotos (pero vamos a proteger la identidad del susodicho, además están guardadas y me da fiaca buscarlas).

El camino siguió, llegamos al Bolsón y no encontramos ya hippies, creo que se habían ido aburgesando desde un par de décadas antes.

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