viernes, 27 de febrero de 2015

Lo que Graduados no mostró



Tarde pero sincera al fin, corresponden algunos comentarios sobre la tira que Telefé emitió, producida por Ortega y Cullel, en 2013. Sobre todo teniendo en cuenta la nostalgia que generó entre muchos de los que vivieron su juventud o adolescencia en los años ochenta.
Cabe destacar que es una comedia, como sus productores todo el tiempo plantearon. Pero en ese amparo, la comedia no quiso mostrar lo que realmente fueron los ochenta.
Para empezar, Graduados no mostró (o no quiso mostrar) que la clase media e incluso la clase media alta (a donde pertenecen varios de los personajes protagónicos) en los ochenta (y hasta bien entrados los noventa), mandaba a sus hijos a la escuela pública. Y se enorgullecía del ascenso social que esta podía generar en sus hijos. Graduados prefirió representar a los estudiantes ochentosos como una caricatura de la caricatura Porkys.
Graduados no mostró (o no quiso mostrar) que en un gran porcentaje, los estudiantes de esa década estuvieron politizados, atravesados por la herida de la guerra de Malvinas, la transición a la democracia o las pasiones que despertaba Alfonsín en los sectores juveniles.
Graduados no mostró (o no quiso mostrar) que la década del ochenta estuvo atravesada por el fin de la guerra fría y los temores sociales que esta generaba, incluso en la escuela o en los consumos culturales.
Graduados no mostró que hubo unos señores que decidieron enjuiciar a los malos. Que tuvieron miedos, temores y, seguramente, hasta se equivocaron. Pero que se plantaron y pusieron en el banquillo y enjuiciaron al mal absoluto. Cuando el mal absoluto todavía caminaba soberbio por la calle. Cuando todavía mataba. Cuando todavía tenía robados a los hijos. Podría haberlo mostrado en un fotograma que reflejara de costado un televisor. Pero no lo hizo (ni quiso hacerlo, porque era una comedia).
Hoy uno de esos tipos que se plantaron de frente al mal absoluto se murió. Lamentablemente una generación de pibes que nacieron en los noventa ni saben de quien hablamos, entre otras cosas porque Graduados prefirió quedarse con la versión de la historia que empieza en 2003.

PS: Mientras termino de escribir esto, también leo que murió Leonard Nimoy. Larga vida y prosperidad para los buenos, porque alguna vez también ganan.

viernes, 20 de febrero de 2015

No me interesa ser latinoamericano

En 1982 se publicaba una revista de la editorial Perfil que se llamaba Libre. En uno de sus primeros números salió un artículo de un periodista que hablaba de Latinoamerica y, en pleno idilio con nuestros nuevos amigos Cuba y Nicaragua, se oponía a que nos parezcamos a Latinoamerica. Hacía incapié en la pobreza que se veía por las calles y en las fealdades que eso significaba. Obviamente, pendejo progreadolescente, me infigné con dicha nota. "Como no podemos ser latinoamerica, que tiene de malo"?. Nunca volví a ver dicho artículo (si alguien lo tiene me gustaría me lo pase). Pero hace al menos veinte años que coincido con cada uno de sus renglones, puntos y comas.
La Nicaragua que amábamos por esos años resultó ser una parodia del personaje del Negro Olmedo.
Cuba siguió fusilando mientras García Marquez se hacía el boludo (me parece que le salía bien, todo por salir a pescar con Fidel). Venezuela, ese país que no había tenido golpes de Estado, refugio de muchos exiliados, se convirtió en una farsa demagógica, donde el petróleo se regala pero no tienen papel para limpiarse el culo. En Bolivia se legaliza el trabajo infantil (si, un status quo previo a la Revolución Industrial). El lider del PT en Brasil no sabe como tapar los negociados de sus hijos multimillonarios. Algo parecido le pasa a la presidente de Chile, aunque rápida de reflejos se sacó de encima el problema. Y así todo. No, no me gusta ser Latinoamericano.